Presentación de la revista TUNTUI Nro. 1
Texto de presentación de la primera edición de la revista TUNTUI, órgano de difusión del Centro de Estudios Históricos de Zamora Chinchipe.
- Fecha
- 13 de agosto de 2026
- Autorías
Nelson Rodrigo Márquez Jimenez

Es motivo de profunda satisfacción y legítimo orgullo, para quienes integramos el Centro de Estudios Históricos de Zamora Chinchipe, contar con tan distinguido auditorio y poder dirigirnos a ustedes en esta significativa ocasión.
Hoy nace oficialmente el órgano de difusión de nuestra institución, el Centro de Estudios Históricos de Zamora Chinchipe (CEHZCH), al que hemos denominado TUNTUI o tunduli, nombre tomado de un instrumento musical de la cultura Shuar, clasificado como idiófono de percusión, elaborado a partir de un tronco de madera ahuecado, llamado shimiut, de considerable diámetro y entre uno y un metro y medio de longitud. Se lo percute con un mazo de madera y un palillo de chonta en la mano izquierda; puede tocarse de forma horizontal o suspendida. Este instrumento, utilizado para convocar a una fiesta o anunciar una muerte, puede escucharse a gran distancia. Por su función comunicativa y su profundo valor cultural, hemos elegido su nombre para identificar nuestro medio de difusión.
Los colaboradores que participan con sus artículos de carácter científico e histórico son personas de reconocida trayectoria en el ámbito cultural de nuestra provincia. La publicación se abre con un mensaje del señor director, quien expresa las razones que motivan esta iniciativa e invita a la investigación como un medio para perennizar nuestra cultura. Explica además el sentido del nombre de la revista, dedicada a Zamora Chinchipe en el marco de su septuagésimo aniversario de provincialización, y concluye recordando que es necesario conservar nuestra identidad no a partir de la fuerza, sino mediante el fortalecimiento de nuestra cultura.
Seguidamente, y en orden cronológico, Juan Carlos Izquierdo Carrión nos presenta un tema apasionante y necesario para todos los zamoranos: “Retrospectiva histórica de la creación de la provincia de Zamora Chinchipe”. En su estudio recuerda que nuestro territorio, ubicado en la zona suroriental del Ecuador, tiene vínculos con la antigua Gobernación de Yaguarzongo, cuyo origen se remonta al siglo XVI, en una vasta región que se extendía desde Macas hasta Jaén, limitada por la cordillera Andina al occidente y por Borja y sus zonas de influencia al oriente. Como testimonio de ello, menciona fundaciones coloniales como Sevilla de Oro, Zamora, Valladolid, Logroño, Loyola, Santiago, Jaén y Santa María de las Nieves. Resalta que esta fue una de las zonas más tardíamente incorporadas a la vida nacional. Señala también que durante la época grancolombiana el territorio perteneció al departamento del Azuay, conforme lo establecía el artículo 12 de la Ley de División Territorial. Para 1830 no existía aún certeza del lugar exacto donde se ubicó la antigua Zamora, aunque históricamente se había establecido su fundación el 6 de octubre de 1549, según consta en el Archivo de Indias. Un aspecto relevante es que, ya en el siglo XVIII, apenas quedaban vestigios de aquellas ciudades, debido a la disminución abrupta de la población indígena por la sobre explotación y las difíciles condiciones climáticas.
Para 1870, según documentos del padre Ramón Ojeda, párroco de Zamora y luego canónigo de Loja, la población apenas alcanzaba unas 60 personas. El autor subraya que, desde la creación de la República el 13 de mayo de 1830, Zamora Chinchipe fue objeto de continuas asignaciones y sustracciones entre las provincias de Loja y Oriente. Más adelante destaca un hecho trascendental: el 6 de octubre de 1888, el presidente Antonio Flores Jijón solicitó al papa León XIII la creación de los Vicariatos Apostólicos del Oriente, logrando su aprobación el 30 de enero de 1889. Así se organizaron las misiones de Napo para los jesuitas, Canelos y Pastaza para los dominicos, Méndez y Gualaquiza para los salesianos, y Zamora para los franciscanos, decisión que hizo posible una colonización más sostenida. Ya en el siglo XX, con motivo del conato de guerra con el Perú, se introducen reformas a la Ley de Oriente y se crea la Dirección General de Oriente, cuyo primer director fue el insigne lojano doctor Pío Jaramillo Alvarado. Bajo su impulso, el 25 de noviembre de 1920 se crean las provincias de Napo Pastaza y Santiago Zamora. El autor también recuerda que, por mandato del acuerdo entre el Gobierno y el Vaticano, el 23 de enero de 1892 los franciscanos, encabezados por el padre José Vidal, llegaron oficialmente al entonces incipiente caserío de Zamora. Su presencia fue breve y se extendió solo por un lustro, hasta enero de 1897, lo que demuestra la persistente ausencia del Estado. Estas dificultades comenzaron a superarse con el retorno definitivo de los franciscanos.
Con permiso del autor, hago una discreción en esta parte, los testimonios de mi abuelo Celestino Márquez Morales y de mi padre Manuel Agustín Márquez Salinas, quienes me narraron el difícil ingreso con los misioneros en marzo de 1921, viaje que duró ocho días, abriendo trocha y cargando a cuestas sus pocas pertenencias y alimentos, experiencia que evidencia las enormes dificultades de la época. Un hecho destacable es el Decreto No. 25, emitido por Presidente de Ecuador Dr.José Luis Tamayo y publicado en el Registro Oficial No. 96 del 5 de enero de 1921, mediante el cual se establece la provincia Santiago Zamora y las jefaturas de Morona, Santiago, Zamora y Chinchipe, iniciándose así una nueva etapa para Zamora, Yacuambi y Sabanilla como cantón. Posteriormente, el presidente Isidro Ayora, mediante decreto del 25 de mayo de 1928, publicado en el Registro Oficial No. 649, organiza para una mejor administración de las provincias del Oriente las jefaturas y tenencias políticas, así como las juntas cantonales y parroquiales, aunque muchas de estas instituciones no se integraron sino hasta 1941, con trece años de retraso. Dichas entidades funcionaron hasta el 12 de octubre de 1954, cuando inició sus labores el Municipio de Zamora con su primer cabildo.
Finalmente, el autor destaca que la creación de la provincia de Zamora Chinchipe tuvo como antecedente la labor del doctor Pío Jaramillo Alvarado y la necesidad administrativa de dividir la antigua provincia de Santiago Zamora, dada la enorme distancia entre Macas y Zamora, la ausencia de vías de comunicación y los altos costos de traslado. Cita además el informe presentado al Senado por el Ministerio de Gobierno y Oriente el 13 de octubre de 1950, donde se afirmaba que crear la tercera provincia era tan necesario como lo había sido la jurisdicción eclesiástica. Aunque el proyecto fue aprobado inicialmente y luego objetado por el presidente José María Velasco Ibarra, finalmente el veto fue negado y el decreto legislativo que reformó la Ley Especial de Oriente y creó la provincia de Zamora Chinchipe entró en vigencia con su publicación en el Registro Oficial No. 360 del 10 de noviembre de 1953.
Un tema de gran trascendencia histórica es la entrevista que nuestro Director, Claudio Torres Torres, realiza al primer Prefecto Provincial de Zamora Chinchipe, licenciado Alfredo Tamayo. Él inicia recordando su vinculación con la provincia como educador en varios planteles y como concejal del cantón Chinchipe. En febrero de 1955 estuvo en ese cantón hasta octubre de 1967, cuando fue designado Director Provincial de Educación y luego se trasladó a Zamora. Más tarde participó en elecciones libres y fue elegido Prefecto, posesionándose en enero de 1968. Señala que la administración provincial era entonces muy reducida: cuatro consejeros, secretario, tesorero, bodeguero y auxiliar administrativo. La institución funcionó inicialmente en el Municipio. Durante su gestión, procuró mantener una relación cercana con legisladores y autoridades locales, lo que permitió avanzar desde cero. Entre sus primeras acciones figuran la adecuación de oficinas, la adquisición de una pala mecánica, un volquete, un jeep y una concretera, equipos con los que se iniciaron trabajos en la provincia. Relata además un evento climático que provocó una fuerte migración, especialmente desde Loja hacia Zamora, generando nuevas dificultades en el sistema educativo, pues aulas diseñadas para 30 o 40 niños debieron acoger a más de 100 estudiantes. Ello exigió recursos para adecuaciones urgentes.
También destaca la construcción de dos gabarras instaladas en los ríos Yacuambi y Zamora, en Zumbi, así como la apertura y rehabilitación de caminos vecinales y el inicio de la construcción del edificio del Consejo Provincial. La entrevista concluye con un mensaje de esperanza para el futuro de la provincia.
A continuación, el artículo “Retrospectiva a la primera Junta Cantonal de Zamora años 1941 y 1942”, escrito por el ciudadano Ángel Ortiz Yangari, nos invita a recordar la fundación de nuestra querida Zamora de los Alcaides, nombre con el que fue bautizada por los españoles. El autor sostiene que esta fundación ocurrió antes que otras ciudades como Tena, Baeza, Cuenca y Riobamba, el 6 de octubre de 1549, en lo que hoy corresponde a la desembocadura del río Yacuambi en el Zamora. Menciona una segunda fundación en el actual barrio Guaguayme y, finalmente, en 1800, la fundación de la actual Zamora. Reflexiona sobre el impacto del coloniaje, cuando los pueblos ancestrales, dueños originales de la tierra, fueron sometidos a esclavitud y se intentó borrar sus culturas, imponiéndoles una religión y estructuras ajenas. Señala además que la explotación aurífera en Zamora y sus alrededores, especialmente en Nambija, provocó la decadencia y el abandono de antiguos asentamientos. Recuerda también que en la época colonial se instalaron Caja y Oficiales Reales, y que sobrevivieron apenas unos 500 indígenas frente a unos 20 españoles, luego de la devastación causada por la explotación.
El autor destaca que, en 1830, la realidad de marginación y abandono de la región oriental no había cambiado sustancialmente, y que las constituciones de 1830, 1835, 1843, 1845, 1851 y 1852 ni siquiera mencionaban la región oriental. Señala como hechos importantes la Constitución de 1861, que se refiere al territorio nacional y a la provincia de Oriente; la ley de división territorial del 29 de mayo de ese año, que incorporó el territorio de la antigua Gobernación de Yaguarzongo a la provincia del Azuay y asignó Chito y Zumba al cantón Loja; la ley de Oriente impulsada por Eloy Alfaro en 1897; la Ley Especial de Oriente de 1899; y, finalmente, la creación de Zamora Chinchipe el 10 de noviembre de 1953, desmembrada de la antigua Santiago Zamora. El autor también destaca hallazgos arqueológicos de gran relevancia, como los estudiados por el arzobispo Federico González Suárez, y, en nuestra provincia, los vestigios de la cultura Mayo Chinchipe-Marañón en Santa Ana-La Florida, cantón Palanda. Con este contexto, analiza la situación de la Junta Cantonal de Zamora antes de ser elevada a provincia y resalta que entre 1830 y 1939, tras 109 años de vida republicana, el abandono de la frontera fue tal que incluso facilitó la invasión peruana.
Como consecuencia de la tragedia de Río de Janeiro, en octubre de 1941 se conforma la primera Junta Cantonal de Zamora, integrada por tres personas, con un jefe político que la presidía y dos vocales con sus respectivos suplentes. Esta junta funcionó durante trece años, hasta diciembre de 1954. Basado en el libro de actas, el autor analiza con gran pasión el contenido de sus sesiones y evidencia la desidia y el desinterés de los gobiernos nacionales, así como la voluntad limitada pero valiosa de los integrantes de la Junta por atender pequeñas necesidades básicas de la población, como el ordenamiento urbano, la legalización de lotes, la regulación de precios, los servicios higiénicos públicos, el alumbrado, el agua y la recaudación de contribuciones, pese a la falta de recursos y de personal administrativo.
Jorge García Alberca, distinguido compañero dedicado al estudio de nuestra historia, aporta el artículo “Chito, el pueblo de más de 453 años de antigüedad en la provincia de Zamora Chinchipe”. Para sustentar su estudio, inicia con un dato histórico relevante: la encomienda de Chito otorgada al capitán Pedro de León en 1570, ratificada el 7 de marzo de ese mismo año. Explica que Cumbinama fue una ciudad antigua asentada sobre la actual parroquia Vergel, capital de la etnia bracamora, descubierta por los españoles en sus viajes de conquista hacia el Perú, y que este nombre se mantuvo hasta el siglo XVII, cuando dio paso a la ciudad de Loyola fundada en el mismo sitio. Señala que Cumbinama fue fundada por el capitán Juan de Salinas en 1557, en el valle del mismo nombre, ubicado en el alto Nangaritza y en las nacientes del río Nunbatacaime, en las ruinas de la llamada “Ciudad perdida de Loyola”, dentro de la zona protegida del Parque Nacional Podocarpus. Más adelante menciona que en 1701 los pocos vecinos españoles que permanecían se trasladaron al sitio Namarumi, en el valle del río Vergel, actual parroquia San Francisco del Vergel, donde fundaron la ciudad de Joseph de Loyola. En 1723, Chito pasó a ser el asiento principal de la Doctrina Loyola. El autor concluye que Chito, a lo largo del período colonial y republicano, no se ha movido de su ubicación primitiva de 1570, por lo que merece ser reconocido por sus autoridades seccionales y nacionales, y se impulse además la conformación de un archivo histórico propio.
Por su parte, el arqueólogo e historiador Francisco Valdez contribuye con un valioso aporte a nuestra historia provincial en el artículo “El encuentro de las evidencias del cacao en Zamora Chinchipe”. El autor destaca que las investigaciones arqueológicas realizadas en el sitio Santa Ana-La Florida, en el cantón Palanda, han demostrado la presencia y el uso social del cacao en la alta Amazonía desde hace aproximadamente 5.500 años. Este hallazgo tuvo gran repercusión internacional, pues modificó la idea tradicional que ubicaba el origen del cacao en Mesoamérica. El estudio demuestra que en la Amazonía ecuatoriana existía una gran diversidad de cacao silvestre y domesticado, y que al menos once variedades han sido identificadas en la zona. Con base en estudios científicos de finales del siglo XX, se concluye que el cacao tuvo un origen amazónico y no centroamericano, como se creyó durante mucho tiempo. El autor explica que en Santa Ana-La Florida, ubicada en la cabecera del río Mayo Chinchipe, se encontró un antiguo asentamiento que habría funcionado como centro ceremonial, donde la población realizaba celebraciones colectivas. En ese lugar se identificaron diversas evidencias culturales precolombinas, incluyendo restos de cacao en ofrendas funerarias halladas en tumbas periféricas, lo que confirma su uso regular.
También se detectaron residuos orgánicos y almidones de plantas empleadas en la alimentación cotidiana. El estudio actual se orienta a comprender la domesticación del cacao y a proteger y mejorar el cacao ecuatoriano mediante análisis genéticos. En este contexto, se considera que Palanda habría sido uno de los primeros centros de domesticación de esta planta. El artículo concluye señalando que estudios de la doctora Claire Lanud, genetista investigadora, confirman además la presencia de cacao en restos arqueológicos de culturas precolombinas de la costa ecuatoriana, iniciando con Valdivia.
Finalmente, la licenciada Anabel Rodríguez Erazo presenta el artículo “Centro de Estudios Históricos de Zamora Chinchipe”, en el que da cuenta del origen y la integración de nuestro Centro, así como de sus miembros. Destaca la formación académica de cada uno de ellos y la contribución que han brindado a la cultura de nuestra provincia en sus diversas manifestaciones, de acuerdo con sus estudios, intereses y vocación investigativa.
Concluyo destacando el ahínco y empeño puesto por los distinguidos compañeros del Centro, en sus aportes de investigación cultural, ameritan que los leamos con esmero y atención, con el corazón y la mente abiertas, porque en ellos, contienen hermosas perlas y hechos históricos poco conocidos por nosotros…
Muchas gracias a todos.
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